Vincent Moon es un explorador sonoro y cineasta francés independiente que durante los últimos diez años ha estado viajando por todo el planeta, registrando todo tipo de experiencias que tienen algo en común: la música. Desde estadios de rock a raros rituales chamánicos. De experimentaciones electrónicas y sonidos sónicos, a canciones ceremoniales de tribus escondidas en el Amazonas.


Hacia 1942, un maduro y ensoñador Jorge Luis Borges publicaba “La Forma de la espada”.


“No hay dos cerros iguales, pero en cualquier lugar de la tierra la llanura es una y la misma”, diría Borges en otro mágico texto muchos años después. En un paisaje similarmente infinito, transcurre la historia de un irlandés exiliado -quizás- en un campo perdido de Tacuarembó (Uruguay). En la ficción, es el propio Borges quien mantiene una intensa conversación con el extranjero, en la que este le confiesa la historia de cómo recibió la larga y rencorosa cicatriz que le atraviesa el rostro.

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Hace unos 12 años, el joven Mathieu Saura estaba leyendo al legendario escritor argentino y descubriendo sus tesoros: aquella cósmica aproximación a las distintas capas de la realidad. En esos tiempos estaba dedicado sobre todo a la fotografía callejera, y en el contexto de su primera exhibición artística fue presentado por vez primera como “Vincent Moon”. De las entrañas de este cuento fantástico escrito por J.L.B., Mathieu Saura adoptó su nueva identidad artística: como una máscara que eligió vestir desde entonces, como un bautismo de fuego. Vincent Moon, un nombre quizá maldito por el deshonor de la traición. Un nombre que, el nuevo Vincent -o quizá el único Vincent-, abrazaría aquel día con todo lo malo, pero también con todas las promesas que ahí estaban esperando.


The Great Jihad

Le encontré durante estos inusitados días de cuarentena. La plural reclusión que somete hoy al mundo entero le encontró en París, un espacio para él pseudo-uterino, donde sigue trabajando y puliendo multitud de proyectos mientras sostiene esta conversación que se extendería por días.
Nuestras conversaciones fueron claras, extensas y libres del tiempo. Una inesperada ventaja de la virtualidad.


Lo primero que consultó mi instinto confinado, fue por su situación actual: la cuarentena. Imaginé que, para un espíritu nómada, debe sentirse al menos extraña esta estaticidad no frecuentada por sus costumbres. “Estoy disfrutando muchísimo del silencio”, escuché decir en esos primeros audios a una voz políglota y afrancesada. Me comentó que está reconectando como muchas otras personas con la meditación. “Algo que disfruto especialmente son las diversas técnicas de respiración”. Mencionó con cariño a un buen amigo que hace musicoterapia y tiene una forma ultra bella de hablar del universo, y como éste está constituido de vibraciones: una forma muy poética de ver la realidad.

Luego le escuché decir:


Las primeras dos semanas, todo se detuvo. Nada de ruido, nadie en las calles. Todo el mundo está hablando sobre esta cuarentena e imaginando que va a pasar. Bueno, nadie puede saber lo que va a pasar, por eso a mí me gusta pensarlo desde otro ángulo. La quietud y el silencio aparente, contrasta muy fuertemente con la cantidad de ruido, de información y opiniones que se multiplican a través de Internet. Hay una saturación masiva de todo. Hoy, por ejemplo, estuve escuchando un nuevo lanzamiento de un álbum de un artista amigo, después vi una nueva película y luego leí varios artículos interesantes. Wow! Estamos colapsando con las cantidades de información, incluso mucho más que antes. Estamos viviendo una súbita y constante aceleración de todo, algo muy interesante de observar claro.

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Vincent Moon – Beijing 24 Minutes

Esto me hace cada vez más cuidadoso acerca de la entera virtualización de todo. Claro que he estado usando muchísimo internet en los últimos 10-15 años. He publicado entre 700-800 films. Todos gratis y de fácil acceso en internet. Ahora me siento como completamente entregado ante esta increíble cantidad de información. No creo que sea tan genial hacer todo virtual ahora. Todos los eventos musicales, muestras de arte, exhibiciones que se están realizando a través de internet. Nos estamos perdiendo entre tanta información. Creo que mientras más vamos por el camino virtual, más nuestra realidad se virtualiza. Hay que ser cuidadosos con esto. Para mí la pregunta más importante es: ¿Cómo volvemos a ocupar los espacios de arte? Teniendo en cuenta que los encuentros masivos como vivíamos antes no ocurrirán en el futuro próximo. Los cines, los festivales de verano que tanto sabíamos disfrutar, los espacios de arte en general no serán lo mismo, al menos por un tiempo.

Es algo muy interesante. Creo que nos empuja a pensar las cosas de una manera diferente. Pensar otros caminos. No sólo el camino virtual, que sería la respuesta más fácil. Pensar seriamente como nos reorganizamos nosotros mismos y nuestros lenguajes para intercambiar arte y experiencias en un nivel diferente. Probablemente con mucha menos gente, sí, y creo que esto es grandioso. Volver a esa intimidad de compartir nuestras palabras con no 200-100 personas, sino 20-10, o probablemente menos. Creo que este es un maravilloso paso hacia esta nueva forma de sociedad, a la que algunos de nosotros queremos hacer posible. No tengo ni idea de que va a pasar, nadie puede saber lo que va a pasar. “It’s getting weirder and weirder out there” (citando -por primera vez- al ilustre Terence Mckenna). Lo tomo como un signo super excitante. Tenemos que fluir más. Frenar, pensar y tratar de inventar estos nuevos espacios para nosotros mismos, lejos de los límites que nos han sido impuestos por el poder. Reorganicémonos a nosotros mismo, y no vayamos sólo por el camino virtual. ¡Por favor! Encontremos nuevas formas de comunicarnos entre todos, esa es la sugerencia que imagino hacer en estos raros días que la sociedad está atravesando.


Take Away Show Minyo Crusaders

La conversación sigue, sin mucho cuidado de los días ni las horas. El tiempo en cuarentena ya no es tiempo. Escucho a Vincent manifestando sus ideas desde la intimidad de su espacio parisino. Imagino que lo rodean muchas plantas. “Avoid Gurus, follow plants!” le escuche decir en algún momento de la charla, siempre con el ya internalizado aliado McKenna, floreciendo desde su boca. Las estructuras de productividad de la sociedad occidental desearían dogmatizarnos una vez más con la idea de que la planificación es clave en el día a día de un artista tan prolífero, sin embargo, para Vincent esto es pura blasfemia.

La improvisación es todo. Mi práctica ha estado cada vez más y más enfocada en improvisar con la realidad a través de las grabaciones que hago y en todo en general. De alguna forma no pensaba en eso cuando empecé, pero de a poco empecé a improvisar muchísimo con todos los músicos que filmé y grabé. Es algo que siempre me estimuló mucho. No buscar crear algo que tengo en la cabeza. Esto siempre implica cierto grado de control. Cada vez que tenía una idea y quería hacer que ocurra, no funcionaba. Pero cada vez que soltaba todo e iba con el flow, empecé a sorprenderme con increíbles “coincidencias” o “accidentes”. Básicamente a conectar con la sincronicidad que todo lo toca.

El año pasado leí mucho los libros de Carl Jung. Me llevó un tiempo para abrirme a todas estas ideas, que terminaron cambiando mi vida y la forma de percibir las cosas. Soy un gran admirador de Terence McKenna, que fue tempranamente influenciado por las ideas de sincronicidad de Jung: extremadamente poderosas y ahora confirmadas por la física cuántica. Creo que son el verdadero centro y corazón de las formas ancestrales de chamanismo. Lo que yo pienso, creo y siento cuando hablo de sincronicidad es básicamente que somos capaces de crear sincronicidad en la realidad, cuando la dejamos ir. Mientras menos tratamos de controlar elementos de nuestra vida y nuestro futuro con nuestra mente, es cuando más vamos soltando y dejamos que todo fluya. Básicamente tiene todo que ver con esta cosa hermosa de vivir en el momento presente. Habitar nada más y nada menos que el presente. Mientras más practicamos esta experiencia fundamental, mientras más improvisamos con la realidad, esta empieza a devolvernos mensajes y así empezamos a recibir signos de la vida. Mientras más atención prestemos a estos signos, más signos empiezan a aparecer.

Esta es una experiencia muy simple para hacer y creo que muchas personas están despertando hoy en día a esta forma mágica de la realidad que parece que hubiésemos perdido hace mucho tiempo. Probablemente la perdimos porque nuestra sociedad se volvió bastante obsesionada con el concepto de progreso, entonces estas ideas lineales de pasado-presente-futuro nos hacen tener que estar constantemente haciendo planes para tratar de controlar todo. Esto es muy contraproducente con la idea de estar en armonía con la realidad. Creo que esta armonía se crea a partir de una improvisada forma de vida. Mientras más improvisamos, más confianza sentimos en nosotros mismos y así desarrollamos mayor consciencia. Vivir improvisando nos hace más conscientes sobre el caos que emerge del supuesto orden y viceversa. Es una hermosa forma de abrir las puertas a esta realidad mágica. Una vez Terence dijo algo así como que la realidad premia a los valientes, y la forma que tiene la realidad para premiar a los valientes es quitando los obstáculos. Eso es tan hermoso, tan cierto. Creo profundamente que la realidad quita los obstáculos a aquellos que son valientes. Así que, se valiente amigo mío.

Palabras valientes que buscan contagiar valentía. Esa pandemia sí que cambiaría al mundo. Consejo para escuchar atentamente, viniendo de alguien que conoce la calle, que conoce las calles. Alguien que, me animo a intuir, sabe decir “Hola” en más lenguas que el 93,74% de los humanos que habitan hoy la tierra. Alguien que cada respuesta que exterioriza, nos invita a mirarnos para dentro. Alguien iluminado por los soles de todas las latitudes y que heredó el apellido de la luna. Un rodamón.


Povo Xavante

Vincent me contó que mucho antes de interesarse en el lado cósmico de la realidad, cuando aún era un adolescente, sus primeros despertares fueron anárquicos.

Empecé a conectar con las ideas de los situacionistas y con el vanguardismo de los 50’s y 60’s en Francia. L’Avant-garde. Una visión primeramente poética que se fue politizando con el pasar del tiempo. Esta cosmovisión de empujar los límites de lo que se acepta como norma o status quo, sobre todo en el ámbito artístico y cultural. Había algo muy radical y hermoso en esta forma de ver las cosas: la naturaleza anarquista de la sociedad.

De esta manera siempre me encontré a mí mismo con una postura política anarquista, aunque sin tomar partido en ninguna agrupación ni movimiento. Así es como en mis primeros años de grabaciones con todos estos videos de Take Away Shows y La Blogothèque -que fueron muy exitosos tempranamente- tenía una actitud muy punk para trabajar y vivir, así que dije fuck off a mucha gente con intereses que no sintonizaban con mis ideales y fuck off al supuesto mercado de arte que muchos parecían conducirse. Así fue como empecé a publicar todo con acceso gratuito en Creative Commons desde el primer momento, basándome en estas ideas anarquistas, que es algo que sigo haciendo en la actualidad. Lo que no hago, es politizarme. He visto el límite materialista de los ideales políticos, aunque sigo sintiéndome profundamente anarquista, quizá más que antes.


Creo que el encuentro con este reino cósmico de la realidad, me ayudó mucho a estar cada vez más alejado de la estrecha forma de pensar que tienen las personas con ideas netamente políticas. Encuentro muy difícil incluso relacionarme con humanos que se encuentran muy politizados, lo siento como una pérdida de energía. Es un poco duro decirlo así, pero hoy todo es profundamente político y por eso no debemos caer en la trampa de darle tanto poder a la política y crédito a los políticos. Creo que en realidad no son tan importantes en la realidad que vivimos, y que mucha gente queda atrapada en esta relación con el “poder”. ¡Poder a la imaginación! Así es como lo veo.

Radicales ideales de un viajero flexible y sin moldes. Observando antológicamente la fértil obra de Moon, sale a la luz algo distintivo: su manera de filmar. Sus largas tomas nos permiten adentrarnos en las escenas con una intimidad notable y así entrar en una especie de trance. Este sello fundamental ha influenciado -y lo sigue haciendo- a artistas de todo el mundo. ¿Cómo se fue forjando este estilo y que relación tiene con la cantidad de films que has publicado?

Es muy simple, pero es muy complicado. Mi flujo de trabajo ha estado determinado por mi temprana actitud punk hacia la realidad. Además, antes de empezar a filmar, estaba dedicado principalmente a la fotografía callejera. Ella me enseñó a tomar o extraer algo de la realidad muy rápidamente, sin ideas preconcebidas. Eso es lo que realmente importa: ¿Cómo evitar ideas preconcebidas? Incluso diría: ¿Cómo evitar las ideas? No creo que sean tan importantes las ideas. Creo que, en realidad, ya sabemos todo.

Si aprender es recordar, ignorar es el hecho de haber olvidado.
Jodorowski grita en su película La Danza de la realidad “¡Todo lo que quieres ser, ya lo eres!”. Esa búsqueda de salir a la calle sin ideas preconcebidas, nos invita a sorprendernos con lo que está allí para descubrir: con lo que está allí fuera esperando. ¿Cómo crees que es el mejor camino para hacer que las cosas pasen?

Haciendo todo más simple. En nuestras manos tenemos una herramienta, en mi caso una cámara. Esta herramienta afecta la realidad. Todo lo que hagamos con esta herramienta será una mirada subjetiva de la realidad, entonces la pregunta es ¿Cómo hacemos que esa subjetividad fluya con el ritmo de las cosas? ¡Evitando las ideas preconcebidas! Muchas de las producciones que vemos hoy en día están demasiado planificadas, hasta el más mínimo detalle. Creo que esto no nos está llevando a un punto más elevado de conciencia, de hecho, a veces todo lo contrario.


Una gran parte de mi obra está realizada con tomas muy largas. Se podría decir que es mi táctica, mi táctica de trabajo: “my way to fight”. Esto me permite reaccionar muy rápidamente a cualquier situación. Estos planos secuencia me regalaron una ventaja: no necesitar mucho tiempo de preparación antes, ni mucho después del suceso que estaba grabando. Al disminuir la planificación al mínimo, puedo llegar cualquier lugar y decidir, en el lugar, O.K. vamos a grabar. Y así lo hacemos. Y luego cuando ese proceso ha terminado, no tengo que pasar mucho tiempo editando.
Por todo esto tengo algunos problemas en mi relación con el cine actual. Porque el sistema de producción que tiene la industria cinematográfica está basado en el cerebro, en las ideas y en la planificación. Para mi carece totalmente de sentido, por ejemplo, escribir un documental antes de grabarlo. Hay algo que está mal desde el primer momento en esa relación con la realidad.

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Entonces ¿Cómo te insertas en un suceso que ya está sucediendo, y que obviamente continuará después? ¿Cómo te insertas de forma que puedas danzar con esa realidad? Sabiendo que de alguna forma obviamente vas a impactar en la situación. Entonces el punto está en no molestar, sino en habitar esa experiencia.

Escuchando todo esto tuve la cálida certeza de que sin dudas es una lúcida forma de experimentar la realidad. Todo es más dinámico al soltar rápidamente un proyecto y saltar a otro right away, ilusionados con las sorpresas que nos están esperando en el camino. Pero ¿Qué signos fueron guiando el camino del anarquista cósmico? ¿Qué símbolos le habrán encandilado para evolucionar de las grabaciones de música de entretenimiento a sagrados rituales olvidados por la sociedad?

Siento que estuve filmando la misma película una y otra vez, porque sigo siendo yo mismo. Lo que pasa es que de algún modo la búsqueda se vuelve cada vez más profunda en uno mismo. Básicamente lo que ha cambiado es mi forma de ver la realidad, pero sigo siendo yo el que la mira. Lo que está al frente de mis ojos ha evolucionado, de algo más simple y terrenal como es gente tocando música lúdica, hacia algo más grandioso. Para ponerlo de una forma más clara, con el tiempo he estado profundizando más y más en el registro de rituales en los que la gente es mucho más consciente de la importancia de la música que están tocando, y el fin de la misma. Esto no quiere decir que los músicos de los Take Away Shows no sean conscientes del poder de la música. Sin embargo, en los rituales yace algo mucho más profundo y mágico que me ha empujado a indagar hacia dentro, a mi propia relación espiritual con la realidad.

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Vincent Moon – La Fugue

Siempre somos nosotros mismos, sólo cambia dónde y cómo observamos. Así, aquí nos toca aferrarnos a nuestro humilde pero grandioso rol de instrumentos, canalizando imágenes y sonidos -fragmentos de energía- a la gente. Como una flauta, cantando una canción divina…

Sí. Como una flauta aprendiendo a cantar una canción divina. Somos la forma en la que miramos la realidad. Es tan simple. Esta profunda sabiduría viene de tiempos ancestrales, y es hermoso darse cuenta de que la misión humana es redescubrir esto. No hay nada nuevo. Siempre es un redescubrimiento de algo que la gente de tiempos inmemoriales sabía muy bien. Parece que nuestra sociedad se alejó un poco de este conocimiento, pero sigue siendo el mismo. Sigue estando ahí. Tenemos que ser cuidadosos en los tiempos en los que estamos viviendo. Todo está tan saturado, y con tanto ruido se hace más difícil ver o escuchar con claridad el mensaje, que siempre ha sido ahí y siempre será el mismo.

En este teatro mundial siempre estamos usando una máscara; aun cuando ni siquiera somos conscientes de ello. Especialmente cuando no somos conscientes de eso. Habitamos la ilusión, habitamos la Maya. Quizá entonces sea un hermoso capricho cósmico, que aquel día el joven Mathieu se haya convertido en aquella primogénita exposición fotográfica en este nuevo Vincent Moon, que paso a paso se acerca más a la redención kármica definitiva, de borrar de una vez de su rostro, aquella rencorosa cicatriz.

Mathieu Saura (V. Moon)
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